El ministro de Economía, Sergio Massa, se apresta a anunciar un nuevo esquema de administración de divisas para el pago de importaciones que se implementará a partir de 2023. Se trata del marco que regirá para el otorgamiento de las autorizaciones para compras al exterior que surgen del Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones -las denominadas SIMIs-, con el que se apuntará a dar mayor previsibilidad a los importadores respecto de los tiempos en los que accederán a los dólares requeridos para pagar la mercadería importada. El nuevo sistema, en principio, se pondría en marcha una vez que haya caducado la resolución del Banco Central que impone duras restricciones al pago de importaciones. Por esta medida, cuya primera etapa entró en vigencia la última semana de junio, la entidad monetaria acumuló hasta la fecha según fuentes oficiales una deuda de USD 6.000 millones con aquellos importadores que se vieron forzados a conseguir financiamiento propio por 180 días, según lo estableció la comunicación A 7532 del 26 de junio, prorrogada hasta fin de año a principios del mes pasado.

Si bien desde el Gobierno aseguran que las divisas van a estar disponibles en los plazos previstos, lo cierto es que ese volumen de deuda presionará aún más el mercado de cambios en los próximos seis meses.

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La acumulación de reservas gracias a la aplicación del “dólar soja”, que venció el viernes pasado por el que se liquidaron unos USD 8.100 millones y que permitió cumplir con la meta del Fondo Monetario, luce insuficiente ante la demanda y menor oferta que se espera para el último trimestre del año y los primeros meses de 2023. Si bien el Central habría engrosado las reservas netas en unos USD 4.600 millones gracias a la medida, lo cierto que el panorama plantea nuevos desafíos: por un lado, un mayor déficit de la cuenta servicios del mercado de cambios, que ya acumula un rojo que roza los USD 10.000 millones en los primeros 8 meses del año y que se explica principalmente por “viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta”. En agosto, por caso, ese renglón insumió 70% del desequilibrio. Con la perspectiva del Mundial de Qatar, se potenciará el aumento de la demanda estacionalmente alta por las vacaciones de verano.

Este año, destacan en Aurum Valores, “la persistencia del atraso cambiario hacia adelante (tal como parecería que el Gobierno pretende) podría implicar que en algunos meses más, el déficit acumulado de la cuenta servicios vuelva a los niveles máximos de mayo de 2018″, fecha en la que la sangría de dólares trepó a los USD 12.000 millones.

Al mismo tiempo, el ingreso de dólares por parte del campo mermará considerablemente. En principio, porque así suele ocurrir durante el último trimestre del año pero también porque ya no rige ningún tipo de incentivos para la liquidación de granos y, además, gran parte del éxito de la recaudación del dólar soja consistió en “adelanto” de exportaciones. Es decir, ingresaron anticipadamente con un tratamiento diferencial dólares que ya no estarán disponibles a partir de ahora. A menos que se implementen nuevas medidas de estímulo sobre las que Massa no ha dado ninguna señal. Por el contrario, el foco está ahora nuevamente en restringir la demanda en lugar de incentivar la oferta.

En ese contexto, la regularización de la deuda comercial con los importadores plantea otro obstáculo para el verano, dificultad que estaría contemplada en los anuncios que realizará el ministro de Economía. En este sentido, en el sector no descartan que finalmente exista una nueva prórroga a la obligación de financiar a 180 días las compras al exterior, aunque deberán revisarse los parámetros. En cualquier caso, reconocen en el equipo económico que las dificultades que impone el actual esquema de importaciones presionan sobre la remarcación de precios, ante la incertidumbre o especulación respecto de la capacidad o valor de reposición de la mercadería. De hecho, desde que se impusieron los controles hace tres meses, la inflación se ubica en torno a 7% mensual.

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