El cuarto paro nacional contra la gestión de Cristina llega en año electoral a pocos meses de las elecciones donde se terminará el ciclo kirchnerista. El principal motivo de los gremios que protagonizan la huelga es el Impuesto a las Ganancias, que no impacta en tantos trabajadores como lo hacen la inflación y otros tributos como el IVA al consumo, donde existiría más adhesión de la masa de asalariados. Ocurre otro plano de análisis: es año electoral y la CGT, aún dividida, no quiere quedarse afuera de la discusión de poder y logra con esta protesta llamar la atención sobre su capacidad de paralizar la actividad. Para el Gobierno nacional, en tanto, mantener el impuesto a las ganancias ya es una cuestión de supervivencia. Ese gravamen le genera ingentes ingresos al Gobierno que Kicillof no puede reemplazar desde que fracasó en conseguir alternativas de financiamiento. Además, Cristina quiere seguir incentivando el consumo hasta los comicios. En el primer trimestre de este año, Ganancias ya registró un aumento de recaudación del 40%.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Cuarto paro nacional contra la gestión de Cristina Fernández, que en pocos meses se despide del Gobierno y no tiene un sucesor que le apetezca, ni siquiera Florencio Randazzo que es mirado como un ex duhaldista por los kirchneristas duros, por eso La Cámpora impulsa una candidatura “pura”. En ese contexto electoral, donde surge la figura de Mauricio Macri y se empiezan a negociar cargos, la CGT hace una fuerte demostración de fuerza para que nadie ignore su presencia y poder de fuego.

Este martes (31/1) con la modificación del impuesto a las Ganancias como principal argumento –lo que opaca la inflación y la masa de impuestos que pagan los trabajadores, que sí alcanzan a un universo de trabajadores mayor, por no mencionar al IVA-, el paro es fuerte gracias a la adhesión de los gremios del transporte, especialmente la UTA que el Gobierno nacional esperaba que quedara de su lado a fuerza de subsidios. Pero esta vez, la huelga –y seguramente el acercamiento del fin de ciclo cristinista- hizo crujir a la CGT Balcarce, cuyo titular, Antonio Caló, tuvo que dar libertad de acción y hubo adhesiones de algunos gremios oficialistas. La cuestión de la reunificación fue postergada varias veces, el acercamiento de las elecciones podría acelerar los tiempos.

Hugo Moyano y Pablo Micheli quieren ir más allá y amenazan con un paro de 36 horas con movilización a la Plaza de mayo, con fecha tentativa el 30 de abril. Gran parte del motivo de esa nueva protesta sería la actitud confrontativa del Gobierno con respecto a este paro y sus reclamos.

El Gobierno nacional se encierra en su defensa al Impuesto a las Ganancias así como está y atribuye la protesta a unos desagradecidos gremios del transporte que no apreciarían la distribución de subsidios y giros de fondos hacia esos servicios de parte de un gobierno popular que quiere cuidar el bolsillo de los trabajadores. Pero si bien este paro lo motorizaron los sindicatos de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), además de la huelga de colectivos, trenes, subtes, vuelos comerciales, transporte de cargas, actividad marítima y portuaria, hay otros sectores como la adhesión de La Bancaria, las estaciones de servicio, los judiciales de la Nación y bonaerense, los estatales de ATE, los municipales de la Ciudad y bonaerenses, y varios gremios docentes como la FEB, Udocba los universitarios de Conadu histórica, de Fagdut en las UTN, entre otros.

Kicillof se aferra al impuesto a las ganancias porque es una de sus principales herramientas de recaudación. En dos años, los ingresos que le reportó al Gobierno este gravamen casi se duplicaron, gracias también al efecto inflacionario y la falta de actualización del mínimo no imponible.

Según recuerda hoy (31/03) el diario El Cronista, en 2012, Ganancias contribuyó con $ 138.439 millones, en tanto el 2014 cerró con un volumen de $ 267.075 millones, lo que marca un 92% de incremento. En el primer trimestre de este año, el aumento que registró fue de 40%, siendo el tributo que más creció junto con el que se aplica a la venta de combustibles.

Según un estudio de NOAnomics, en términos nominales el aporte de Ganancias se está acercando al del IVA (neto de devoluciones), el mayor motor de la recaudación fiscal después de los aportes y las contribuciones a la seguridad social. Este gravamen representa en la actualidad 21% de la recaudación total (el promedio histórico era 19%), cada vez más cerca de los impuestos al consumo, que en conjunto contribuyen con 35%.

Pero la idea del gobierno en año electoral es seguir calentando el consumo. A esto apuntaron los planes anunciados por Cristina días atrás para la renovación de heladeras, termotanques, calefones, lavarropas y hasta bicicletas.

Pero la cuestión es que Ganancias no es el motivo único de la huelga. Hay un deterioro del poder adquisitivo por la inflación y todos los impuestos que pagan los sectores que no están motorizando la huelga o que no pueden hacerlo ya sea que sus dirigentes gremiales están con el oficialismo o porque temen perder sus empleos desde que se frenó la generación de puestos de trabajo con el parate de la economía. Una visión interesante sobre este asunto la expone Adrián Simioni este 31/03 en La Voz del Interior, en un artículo cuyos párrafos principales reproducimos aquí:

Tanto rasgarse las vestiduras con la solidaridad y el rol redistributivo del Estado y resulta que los gremios estatales (o paraestatales subsidiados por el Estado, como los del transporte) son los mayores impulsores del paro contra el Impuesto a las Ganancias.

Ellos cobran sus sueldos (más altos que los del resto de la economía) gracias a la recaudación de ese y de otros tributos.

Un impuesto, el de Ganancias, que sabemos es distorsionado hasta el absurdo por un Gobierno negador de la inflación que él mismo provoca.

Al menos tan llamativa como la de los gremios estatales es la impostura del ministro Axel Kicillof.

Mientras niega cualquier cambio en el tributo, hizo la vista gorda para que los pilotos de Aerolíneas Argentinas, en connivencia con el presidente de la empresa – el exjefe de Kicillof, Mariano Recalde – puedan evadir a la Afip, que también se hace la tonta.

Lo raro es que Apla igual adhiere al paro.

La impostura de los empleados de la Justicia federal es superlativa.

Ellos ya no tributan Ganancias porque la corporación de jueces y fiscales les extendió, por una acordada, el privilegio de no pagar ese impuesto a partir de una interpretación groseramente falaz de la intangibilidad de sus ingresos.

Sin embargo, harán huelga.

La farsa continúa con varios bancos públicos, que hacen otro juego: absorben el pago de Ganancias de sus empleados.

Además de ser un sobrecosto para el crédito público, constituye una elusión, de mínima.

Para la ley de Ganancias, todo, incluso el sueldo en especie, es base imponible.

Tanta hipocresía les sale gratis a sus perpetradores.

Se basa en la convicción de que la gente de a pie, el típico empleado del sector privado, tanto el que paga como el que no paga Ganancias, no se dará cuenta de la existencia de estas castas.

Además, ese señor no tiene tiempo: hoy, él tendrá que ocuparse de llegar a su trabajo, aunque no tenga colectivo ni taxi.

Porque su empleo no está blindado.

Y porque, aunque no lo sepa, debe trabajar: alguien tiene que pagar la farsa.

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