Antes de comenzar a escribir la presente nota, debo aclarar que sigo pensando que Cristina Kirchner y su extinto marido han llevado adelante uno de los peores gobiernos de la historia argentina, con el latrocinio más escandaloso de todos los tiempos.

Tal es la grieta existente en el país, donde uno debe mostrar chapa de independiente antes de poder emitir opinión alguna sobre cualquier tema que pudiera complicar o beneficiar a algún sector político determinado.

Dicho esto, me referiré a la denuncia que Alberto Nisman hizo contra Cristina Kirchner en el marco del acuerdo con Irán, tópico que bauticé en su momento como el principio de la guerra de los espías contra la presidenta de la Nación.

Describí el contexto minutos después de que el fiscal especial de la causa AMIA imputara a la jefa de Estado por supuesto encubrimiento, el pasado 14 de enero.

“La imputación no es casual: Nisman responde a los intereses de los agentes de la ex SIDE que Cristina Kirchner removió de sus cargos, principalmente el siempre sospechado Antonio Stiuso”, aseguré entonces. El paso del tiempo fue confirmando esas y otras afirmaciones.

Lo cierto es que la denuncia del fiscal especial jamás tuvo mayor asidero, como casi todo el trabajo que llevó adelante en los diez años que estuvo al frente de la causa AMIA.

Sus escritos, manoseados por Stiuso y supervisados por la embajada de Estados Unidos, son un cúmulo de datos sin asidero concreto. Wikileaks no miente.

Es bien cierto que Nisman era de hacer declaraciones rimbombantes, siempre, pero jamás nadie le pidió evidencia que sostuviera sus dichos. Por caso, cuando yo lo hice, en el año 2007, en el contexto del atentado a la AMIA, me confesó carecer de pruebas para acusar a Irán.

“Mi acusación estaba basada en documentos secretos de la CIA y el Mossad”, me dijo.

Algo similar ocurrió cuando hizo la denuncia contra Cristina: jamás pensó que sería convocado al Congreso de la Nación para confirmar sus dichos.

En ese contexto, lo sucedido hoy, cuando el juez Daniel Rafecas desestimó la acusación contra la presidenta, era esperable.

«No hay un solo elemento de prueba, siquiera indiciario, que apunte a la actual jefa de Estado respecto —aunque sea— a una instigación o preparación (no punible) del gravísimo delito de encubrimiento por el cual fuera no sólo denunciada sino también su declaración indagatoria requerida, delito que, además, y como ya expuse previamente, no existió, en ninguna de las dos hipótesis planteadas (por el fiscal Pollicita)”, aseveró el magistrado.

A fines de enero de este año, diario La Nación consultó a varios juristas que opinaron en sentido similar: “Es un relato verosímil y hasta bien escrito. Pero para el mundo del derecho, la prosa no es todo. Las 290 páginas que escribió el fiscal Alberto Nisman, mediante las que denunció a la presidenta Cristina Kirchner por encubrir a Irán en la causa AMIA, podrían encontrar varios escollos a la hora de transitar el duro camino de la prueba ante un juez federal”, publicó el matutino.

Obviamente, la resolución de Rafecas no es la noticia que muchos esperaban escuchar hoy, pero es la cruda realidad. El escrito de Nisman carece de fundamento. Así de simple, como siempre le ha ocurrido.

Fuente: http://periodicotribuna.com.ar/

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